
Siempre he dicho que los únicos 10 minutos al dia que tiene una persona para si mismo, los 10 minutos en los que se goza de una intimidad 100% verdadera, son aquellos que uno pasa en el baño cuando va a hacer de vientre, por decirlo de un modo pudoroso. En una conversación normal de calle hubiera dicho ir a cargar, pero no queda bién en un blog público como este.
Se ponga como se ponga la gente, nadie puede discutirme que lo que he dicho en el párrafo anterior no sea cierto. Todo aquel que diga de que en su casa o en su vida cotidiana tiene más momentos de intimidad total y absoluta miente como un bellaco. Los móviles, la tele, los vecinos, el jefe… todo esto hace que conseguir esa intimidad total sea imposible fuera de recinto del retrete.
Pués bién, en ocasiones, ese retortijón inoportuno le obliga a uno a apretar el culo más de la cuenta porque te coge fuera de casa, sin avisar. Normalmente es posible aguantarse, pero cuando no, se plantea un problema del que todos (y cuando digo todos, quiero decir todos sin excepción alguna) hemos sido víctimas como mínimo en una ocasión.
Suelo evitar usar una baño público, porque a maniático no hay quien me gane, excepto cuando tengo que mear y porque lo hago de pie, que si no me iba a meter en el reservado de un bar cuando las ranas crien pelo… por no decir nunca.
Pués bién, el dia que uno no puede más, ese dia en que te duele el trasero del esfuerzo sobrehumano que supone apretar para evitar que la vida siga su curso, no hay más remedio que olvidarse de complejos y manias y abrir la puerta del WC Caballeros del bar.
Y ahí empieza la odisea.
Primer problema: la tapa, meada por algún condenado cabrón que no sabe que eso puede levantarse. Ya ves entonces al cagón de turno forrando la tapita de marras de papel higiénico, porque a ver quién es el valiente que tiene los santísimos cojones de sentarse ahí con semejante lluvia de… bueno, eso.
Pués nada, forrada la tapa, uno se baja los pantis, se sienta y… coño, no jodas!!! El puto pestillo de la puerta está roto, en el mejor de los casos, porque en la mayoría ya directamente no está.
Aquí empieza lo gordo. Ya ves al tio haciendo equilibrio sobre la taza del WC para no hacerselo fuera y a la vez, con una mano, sujetar la puerta para que nadie la abra. Además, seguro que la puerta está a tomar por saco y hay que estirarse como un verdadero joputa para llegar al pomo sin caerse.
Pero la complicación no acaba ahí, seguro que una vez que consigues aislar tu culo del fluidos ajenos, aguantar el equilibrio cual chimpancé y llegar al pomo de la puerta pués… la puta puerta abre hacia afuera. O sea, que lo conseguido es totalmente inútil, porque al primero que llegue y tire de la puerta… pluaf… ostiazo seguro con ridículo garantizado.
Pués nada, una puta mierda… nunca mejor dicho, y te quedaste sin tus diez minutos…
Y digo yo, por 1 Euro que te pago por un cortado (166 pesetas), ya podrías arreglar el puto pestillo… hijodelagranputa!!!!!!
Una canción para hoy: Gotta Get Away – The Offspring


